17 de julio de 2012
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  Opinión

La reestructuración del sector financiero y la tecnología

Antonio Iglesias del Río, Socio, MGT Consulting

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Desde el comienzo de la crisis financiera global con la caída de Bear Stern en marzo de 2008, hemos vivido todo tipo de estrategias y recetas aplicadas, públicas y privadas, para restablecer la confianza en el sector bancario. Se ha hablado mucho de riesgos, de liquidez, de solvencia, ha nacido un nuevo Acuerdo de Capital -Basilea III, muy oneroso de aplicar con rigor-.

Pero es sorprendente que, en este contexto, se haya hablado poco o nada del papel de la tecnología en la crisis, en su momento muy asociada a la eficiencia e innovación. ¿Qué pasó con la Tecnología?

Si nos centramos en España, el sector ha evolucionado desde una precaria situación de solvencia vivida en los últimos dos años, hasta el rescate financiero por parte de la UE, derivado de la indigestión de la burbuja inmobiliaria y las dificultades en establecer valoraciones fiables de los activos inmobiliarios. Desde el 2009 se habla de sobrecapacidad, reestructuración, concentración

Pero vayamos a las cifras del Banco de España. Los activos consolidados del sector financiero eran de 3,22 billones de euros a finales de 2008. En 2011 eran de 3,40 billones. Es decir, un 5,6% de incremento en términos absolutos en 3 años (el PIB creció un 1,8%). Este crecimiento, como ya sabemos, no lo ha sido en recursos de clientes gestionados (suma de créditos más depósitos de particulares), que han pasado de 3,30 billones de euros en 2008 a 3,15 billones en 2011.

Desde el 2009, han venido ocurriendo fusiones frías y algunas calientes, que, como vemos, no han reducido el tamaño del sector en términos de volumen de negocio global (lógico, sigue tremendamente apalancado, y las políticas de rescate persisten en el apalancamiento). Sigamos con lo que nos interesa.

Los gastos operativos del sector en 2008 fueron de 29.508 millones, idénticos en 2009 y 2010, y reducidos en 1.000 millones en 2011 (3% de reducción absoluta en 4 años, después de absorber un IPC acumulado del 8,5%). Dado que los gastos de tecnología son entre un 12 y un 20% de los gastos operativos, podemos decir que el sector está “consumiendo tecnología” a razón de 4.400 millones de euros anuales por término medio.

¿Cuánto ha mejorado la productividad en este tiempo? El ratio de empleados por oficina pasó de 6,02 en 2008 a 6,09 en 2011, prácticamente inamovible, es decir, el modelo de distribución no ha cambiado. En productividad comercial, el ratio de recursos de clientes gestionados por empleado pasó de 11,8 millones de euros en 2008 a 12,9 estimado para 2011, un modesto incremento del 9% en 3 años de reestructuración. Cuando los recursos han caído un 4,7%, en fin, no parece una gran marca.

No he querido hablar del ratio de eficiencia (gastos operativos sobre margen bruto), que ha pasado del 44,5% en 2008 al 49,8% en 2011, porque está fuertemente afectado por la caída de márgenes de 2011 (en plena recesión). Analizando estas cifras globalmente, se llega a la conclusión de que la generación de valor apalancada en la tecnología en el periodo 2008-2011 ha sido muy escasa, por no decir nula.

Salvando alguna honrosa excepción, la gestión que de la tecnología ha realizado el sector no puede ser más desilusionante: unas grandes inversiones en Basilea II –ahora, III– que no aportaron nada a la crisis del modelo de riesgos y un estancamiento crónico en desarrollo de negocio y reinvención de modelos operativos donde se ha automatizado la ineficiencia. ¿No fue la tecnología uno de los pilares básicos de nuestro “exitoso” modelo de Banca? ¿No fue su motor transformador? ¿O era un mito?

No, no era un mito, era cierto ... pero hace casi 10 años. Creo sinceramente que hoy, su modelo de gestión está completamente agotado, que ha pasado a ser un departamento de bajo valor añadido (gestionado por coste unitario), que es un stopper más para la reestructuración, que cada vez es más lastre, y que su gestión está completamente desacoplada de los objetivos estratégicos del sector. Y ahí está el secreto, hay que reacoplar.

Dejo esta reflexión en el aire. La reestructuración es una buena oportunidad para el cambio.

Enlace relacionado: www.mgt-consulting.com

En Número 238 (20 de mayo de 2012)


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